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Las organizaciones son sistemas vivos y, por ello,no pueden dejar de hacer intercambio, es decir, realizar el movimiento continuo de dar y recibir. El motor de este intercambio es la vida de la compañía, su relación con el mercado es un flujo permanente. Es lo que en consultoría sistémica llamamos “equilibrio entre el dar y el recibir”.

¿Como funciona en la vida cotidiana? Por ejemplo, siempre que pagamos, de la forma que sea, por algo que hemos tomado o recibido, en la relación se recupera el equilibrio y quedamos en paz. Esto es el intercambio sistémico y el modelo para construir relaciones buenas y exitosas.

¿Como funciona en las organizaciones? Del mismo modo.

  • La empresa ofrece a sus empleados unos ingresos, pero también seguridad, la oportunidad de formar parte de un proyecto, de cierta posición donde su talento pueda fluir y se vea reconocido.
  • Los empleados ofrecen su talento, su tiempo, su compromiso, su lealtad, su creatividad, su Know-how, su energía, su pasión.
  • La empresa ofrece productos y/o servicios y los clientes pagan por ellos. Además del dinero se establece un vínculo de relación desde el momento que se adquieren estos, ya sea a largo o corto plazo.

Si te paras a pensar por un momento qué compañías sueles tener como proveedores, te darás cuenta de que no es sólo una cuestión económica, sino que ofrecen algo más que te hace sentir satisfecho con lo que contratas o compras.

Un buen intercambio entre el dar y el recibir tiene como resultado el crecimiento de una relación mercantil o personal. Fortalece la relación entre dos personas o entre una compañía y sus clientes.

¿Qué sucede cuando no se cumple esta ley sistémica? Todos en algún momento no nos hemos sentido correspondidos en la empresa para la cual trabajamos o con los empleados que hemos ayudado, sentimos que estamos o están en deuda con nosotros. La ley sistémica de equilibrio entre el dar y recibir deja de cumplirse y se desencadena un proceso de desequilibrio creciente que causará cada vez más problemas y también más dolor. Un desequilibrio prolongado en el tiempo genera que el ambiente se vuelva opresivo y, en consecuencia, el intercambio se agota.

Ante esta situación, la solución es “exigir algo a la otra persona” o “conceder algo a la otra persona”, siempre asegurándonos que lo que recibimos no supera lo que nos dieron, nos quitaron o nos hicieron, y viceversa. De este modo se restablece el equilibrio.

¿Cómo sabemos que se ha restablecido este equilibrio? Somos capaces de mirar a la otra persona a los ojos.

El equilibrio entre el dar y el recibir es un arte. No es difícil, pero sí exige mucha atención.

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